jueves, 16 de octubre de 2008

PEDIR AYUDA ES TAMBIEN DE HOMBRES

Para nosotros los varones,
superar nuestra violencia sin pedir ayuda
es como el sueño de aquel que pretende llegar a la azotea
sin hacer uso de las escaleras.
¿Pedir ayuda? ¿Qué es eso? ¿Es una broma verdad? Son preguntas que quizá surjan en los varones que leemos esta frase acostumbrados a considerarnos autosuficientes, superiores, los que no necesitan nada ni a nadie, aquellos que cuando caemos rehusamos la mano del amigo/a con el siempre presente, tajante y cínico “no es para tanto” a pesar que la necesitemos. Pues si hay algo que la masculinidad hegemónica nos ha inculcado es que ser hombre es salir siempre airoso de cualquier situación que se nos presenta por nosotros mismo, si ayuda de nadie.

Pero ¿por qué a nosotros los varones nos cuesta pedir ayuda? ¿qué es lo que está detrás de esa negativa?. En ello, mucho tiene que ver la construcción social de nuestra masculinidad. Desde niños hemos sido educados para resistir y salir airosos de cualquier situación. Ejemplos clásicos de ello es que cuando un bebe varón cae al suelo el “déjalo que se pare”, “acaso no es hombre” se presentan inmediatamente. A diferencia de la mujer, hemos sido educados para ser rudos, fuertes, toscos, incluso groseros, lo que en el fondo supone el valernos por nosotros mismos lo que provoca que la ayuda sea una cosa ajena a nosotros, mucho menos si esa ayuda viene de una mujer o de una persona a quien nosotros consideramos inferior.

El pedir ayuda en nuestra cultura se ha convertido en un signo de debilidad, contrario a lo que la masculinidad hegemónica considera como atribuciones masculinas: fuerte. Pero este rehusar la ayuda, hace de nosotros los varones seres aislados, nos lleva ahogarnos en un mar de dolor y por sobre todo perder la gran maravilla de compartir y recibir sugerencias para el cambio, superación y por ende para nuestra realización personal. Las veces que comunicamos problemas, no lo hacemos con el afán de ser ayudados sino simplemente como una manera de desfogar lo que llevamos dentro o lo que es peor, con el afán de demostrar que a pesar de ello nos mantenemos inalterables, imperturbables; Nos las podemos arreglar solos.

En el caso de la violencia familiar, que mayoritariamente es ejercida del varón hacia la mujer, la negativa de los varones a buscar ayuda para superar su violencia se hace evidente. Creen que ellos, por si solos van a cambiar de ahí que es común encontrar en varones que violentan a sus esposas he hijos un auto compromisos de “ya no lo volveré hacer”, sin embargo vuelven a ejercerla y el compromiso hecho es dejado de lado. Por ello, es importante señalar que, pedir ayuda es también de hombres, es de humanos dada nuestra condición de seres inacabados, seres en camino hacia... y que mejor que este caminar sea de la mano con nuestros/as coetáneos/as. Pedir ayuda, no es perder, no es mostrar debilidad, sino algo común a todas las personas. Al contrario, el pedir ayuda se convierte en la gran oportunidad que se nos presenta a los varones para crecer, desarrollarnos y en el caso de nuestra violencia doméstica como la única, mejor e ineludible vía para superarla; pedir ayuda es también de hombres.

Sin embargo, es importnte que la ayuda que los varones necesitan para superar su violencia tiene que estar libre de complicidades. Es muy común encontrar casos en los que, lejos de ayudar a superar la violencia, la agravan, la legitiman, he incluso, inconscientemente, la incentiva debido a que quien brinda la ayuda comparte ideas y creencias que la alientan y culpabilizan a la mujer como la causante de la violencia que se ejerce sobre ella. La ayuda a quien ejerce violencia doméstica sólo será eficiente y eficaz si viene de quien o quienes han pasado o están pasando por un proceso de superación de su propia violencia; por un proceso de desconstrución de sus propias creencias y valores que incitan a la violencia.

martes, 30 de septiembre de 2008

ESTILOS DE RESOLVER LOS CONFLICTOS

Los conflictos, aquellas situaciones en las que una persona percibe que otra la ha afectado de manera negativa en algo que ella estima, son parte de nuestra vida. Están presentes en las relaciones familiares, en el trabajo, en la escuela y en cualquier espacio donde esté presente el ser humano, son parte de su naturaleza. Pero si bien, la existencia del conflicto es natural, su resolución no cuenta con una receta definida, si no que ante una misma situación conflictiva, las personas actuamos de diversa forma: discutir, pelear, hablar, quedarnos callados, salir corriendo, etc. Lo forma de responder nos es la misma, cada uno/a maneja su estilo al momento de enfrentar los conflictos.

Los estilos podemos agruparlos en tres bloques: de escape, de lucha o competencia y de resolución. Entre los estilos de escape identificamos a quienes buscan negar el conflicto, es decir aparentar que todo está bien a pesar de saber que algo anda mal, no atreverse a decir nada. Por otro lado está el estilo de quienes optan por evitar y se escudan en frases como “hoy no tengo tiempo, mañana conversamos” “es mejor no hacerse problemas” “las cosas no marchan bien, pero pueden ser peor”. Un tercer estilos de escape es el acomodarse y ajustar nuestras opiniones, deseos y comportamientos a las expectativas del otro, a pesar de estar en desacuerdo con él. Como vemos, cada uno de los estilos de escape mantienen latente el conflicto, sin embargo, hay momentos que es oportuno hacer uso de ello, sobre todo cuando el móvil del conflicto es algo de poca importancia para una de las partes.

En relación al bloque de lucha o competencia, en la que la persona busca querer ganar siempre, encontramos el estilo arrogante en la que desmerecemos o rebajamos a una de la partes a través de observaciones u comentarios denigrantes y sutiles: “qué se puede esperar de una persona como ella, sin educación” “para que perder el tiempo contigo” o “no te da el pelo”, etc. Otro es el estilo de batalla en el que nos manejamos por la creencia que siempre tenemos la razón y por ende hay que ganar ya que partimos de la premisa que en un conflicto siempre hay ganadores y perdedores. Con ambos estilos podemos creer que hemos resuelto el conflicto, sin embargo, no resulta así, estará latente debido a que una parte quedará insatisfecha. Sin embargo, hay situaciones en la que es pertinente hacer uso de estos estilos, sobre todo cuando está en juego la dignidad y los derechos de las personas.

Finalmente, tenemos los estilos de resolución. Entre ellos encontramos la negociación mediante la cual buscamos un punto medio en el que por los menos parte de los intereses sean atendidos. Por otro lado está el estilo de colaboración mediante el cual buscamos encontrar una solución que satisfaga los intereses y necesidades de ambas partes. Ambos estilos suponen un desafío a la creatividad y resultan cuando cada persona reconoce lo que es significativo y cede en lo que es menos importante.

Cada uno de estos estilos tienen que ir acompañados de ciertas actitudes y habilidades que favorecen la resolución de los conflictos, como: Habilidad de escucha, comprensión de las razones y sentimientos de la otra parte, expresión de opiniones y sentimientos con claridad y veracidad, objetividad al dar opiniones y críticas a los otros, apertura frente a las opiniones y puntos de vista de los otros y algo que es fundamental, atacar el problema y nunca a la persona. De esta manera, la resolución de los conflictos implica toda una pedagogía del diálogo y comunicación asertiva en la que nuestras palabras y acciones demuestran respeto por nuestra persona y por la de los demás, que permite comunicar nuestras necesidades, sentimientos y deseos, sin violar o abusar los derechos de los demás. Hay que buscar ser durísimos con el problema pero muy cariñosos con las personas y en función a ello elegir un estilo para enfrentar nuestros conflictos.

DEMOCRACIA, TAREA PENDIENTE


En julio, una encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú mostraba que el 64% de los entrevistados se siente insatisfecho o muy insatisfecho con la democracia y solo el 35% estaba muy satisfecho o satisfecho. Sin embargo y pese a este elevado porcentaje de insatisfacción, es muy sugerente que un 62% cree que la democracia es la mejor forma de gobierno. Por otro lado, es cada vez más creciente el número de peruanos/as que les da lo mismo cualquier forma de gobierno o que en ciertas ocasiones es aceptable un gobierno no democrático. Estas cifras nos muestran que la democracia, el pueblo autogobernándose, está en crisis y que aún no ha terminado de hacer asidero en las actitudes tanto de los gobernantes y gobernados. Estos últimos ven vulnerados sus derechos en la medida que la desigualdad, pobreza y exclusión ha crecido. La democracia, lejos de ser un estilo de vida, se ha convertido en un asistir a las urnas, cada cuatro o cinco años, obligados por criterios como el que tengo que cumplir y no hacerse merecedor de una multa que ya de por si contradice uno de los principios fundamentales de la democracia: la libertad. En definitiva, la democracia se ha convertido, para muchos peruanos y peruanas en una cuestión ajena que hace referencia a terceros la responsabilidad de asumirla.

Así como a nivel de ciudadanos se ve una crisis frente al entendimiento de la democracia, a nivel de representantes el panorama es similar. A este nivel, también se presentan características que traicionan los principios democráticos. Muchos de los elegidos la entienden como posibilidad de hacer lo que deseen, incluso traicionar el compromiso por el que fueron electos y le “sacan la vuelta” a la voluntad popular. Vivimos una avalancha de tránsfugas que traiciona, no solo la voluntad popular, sino también los propios principios del partido o movimiento por el que fueron elegidos. Junto al transfugismo existe una práctica más escandalosa y repudiable: los casos de autoridades electas que anteponen sus intereses personales y familiares a los intereses del pueblo que los eligió. La democracia es utilizada para alcanzar el beneficio exclusivamente personal antes que el bien común.

Estos comportamientos han dado como resultado la fragilidad del sistema democrático que, como muy bien señala José Nun, nos muestra una “una gran desigualdad unida a una gran pobreza y a una gran polarización”. Características que no son ajenas a nuestro país en el que, siguiendo a Nun, se presenta como una sociedad de 60, 30 y 10, es decir, donde el 20% más rico se apropia del 60% del total de los ingresos, el 40% del 30% y el restante 40% más pobre sólo se apropia del 10% de los ingresos del país.

Dada esta situación es importante plantear estrategias que contribuyan a revertir la infidelidad a los principios y valores democráticos. Una primera consideración al respecto está en la importancia que tenemos que dar a fortalecer la participación ciudadana, es decir, el involucrar a la población en la toma de decisiones públicas y vigilar su efectivo cumplimiento. De aquí surge la necesidad de una propuesta pedagógica que generar capacidades y habilidades para la participación ciudadana a tal punto que, como muy bien señala Nelson Manrique, supere la existencia de una república sin ciudadanos, donde una minoría se siente la encarnación de la nación y con el derecho de excluir a las grandes mayorías, consideradas ajenas al país, en una flagrante contradicción con el ideario democrático consagrado en sucesivas constituciones.

Por otro lado, es fundamental hacer realidad, de forma decidida, la descentralización en el país ya que parafraseando a Fernando Tuesta “la precariedad de la democracia en el Perú tiene una relación profunda con el centralismo. El proceso de constitución del Perú como nación se ha realizado en torno a un patrón de desarrollo desigual que concentra los recursos económicos y humanos en determinadas ciudades de litoral, subdesarro­llando su entorno inmediato. Este proceso ha llegado a su extremo en Lima, que es donde terminan todos los circuitos de poder, económico, político y simbólico. No se trata sólo de que existe una distribución inequitativa de los recursos económicos y humanos. El problema fundamental es la existencia de un patrón de desarrollo que lleva las desigualdades al extremo”.

Una tercera propuesta para la consolidación de la democracia en el país es la apuesta por superar patrones culturales de discriminación y racismo. Es muy fuerte la desvaloración del conciudadano por cuestión de color, origen, economía, etc, que ha fragmentado al Perú, y a internalizado la denominada sociedad estamental, donde se cree que cada uno tiene su lugar y donde la movilidad social no es legítima. Aquí hay una tarea pendiente que muy bien haríamos en prestar más atención mediante programas de sensibilización y la consolidación de una legislación acorde a la pluralidad y la diversidad del Perú.

Es importante señalar, siguiendo a Tuesta que “los lineamientos aquí señalados podrán ponerse en práctica sólo si existe una voluntad política para realizar el cambio”. Recordar también que “no existe comunidad política democrática en donde las reglas de juego no sean estables y respetadas” buscando ajustarlas a intereses individuales, característica muy común en nuestro país. Por ello, nuestra propuesta pasa por advertir a la ciudadanía que evadir el compromiso con los principios democráticos, es sencillamente renunciar al proyecto de un país libre de pobreza, exclusión y polarización que anhelamos. Aquí, definitivamente hay una tarea pendiente que no puede esperar.

lunes, 8 de septiembre de 2008

MIEDO Y DOLOR EN LAS CALLES


La sangre se enfrió cuando leí en los diarios que, de un balazo en la cabeza, habían liquidado la vida de un niño de tan solo un año de nacido. La primera impresión, sin duda, fue de horror, seguido de expresiones de impotencia; ¿hasta dónde puede llegar la salvajada del ser humano?, ¿hasta dónde somos capaces de convertirnos en nuestros propios carniceros?. La violencia en Piura y en el país se está desbordando y tomando niveles muy altos. Al respecto, el Centro de Emergencia Mujer nos informaba que hasta junio del presente se habían registrado más de 130 casos de denuncias de violencia familiar. Por otro lado, si damos una mirada a lo que reportan los diarios, las primeras planas están copadas de asesinatos, violaciones, secuestros, enfrentamientos, robos, suicidios, que se incrementan cada día. En definitiva, tenemos una sociedad que está convirtiendo, siendo un poco optimista, la violencia en su modo de vida, la tiene a flor de piel. Hay dolor y terror en las familias, en las calles, en los barrios y en la sociedad. Con este panorama es imposible que podamos avanzar, pues resulta doblemente difícil progresar y hacer realidad las condiciones para una vida digna de todos y todas.

La violencia social a la que asistimos no es gratuita ni tampoco podemos atribuirla a causas biológicas. Los factores que la generan son varios. Uno de los fundamentales es lo que denominamos la exclusión social de la que son víctimas miles y miles de peruanos y peruanas a lo largo y ancho de nuestro país. Poblaciones enteras que están al margen de lo que sucede en el país y no reciben beneficios por parte del Estado. Baste recorrer nuestros asentamientos humanos de Piura y Castilla para darnos cuenta de ello; lugares sin servicios de agua, luz ni desagüe, familias enteras viviendo en medio de cuatro esteras, niños desnutridos y obligados a trabajar, jóvenes sin lugares para su sano esparcimiento y sin posibilidad de emplearse o educarse adecuadamente. En fin, la situación de exclusión y marginalidad de la que son víctimas ha calado tan fuerte que, algunos, han terminado por creer que han nacido determinados a ser pobres y que la causa por la que lo son, son ellos mismos.

Por otro lado no debemos olvidar lo que la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) señalaba en su informe “que toda una generación de niños y jóvenes ha visto truncada o empobrecida su formación escolar y universitaria como resultado del conflicto”. No cabe duda que muchos de los jóvenes de hoy son hijos del periodo de violencia que vivió el país por 20 años y como lo señala el informe, esta violencia “intensificó hasta niveles insoportables el miedo y la desconfianza, que a su vez contribuyeron a fragmentar y atomizar la sociedad. En esas condiciones, el sufrimiento extremo ha causado resentimiento y ha teñido de recelo y violencia la convivencia social y las relaciones interpersonales”. La herida de la violencia política sigue abierta y las secuelas “pesan como una grave hipoteca sobre nuestro futuro y afectan decisivamente nuestra construcción como comunidad nacional de ciudadanos libres e iguales en un país democrático y plural, que avance por el camino del desarrollo y la equidad”. De ahí que el Estado no puede evadir las recomendaciones de la CVR, por el contrario, su implementación se hace cada día más urgente, pues, si bien hoy no se destruyen antenas, no hay coches bombas esperando en las calles, si hay miedo, dolor, desconfianza, inseguridad, desesperación. Quizá esto no lo sientan quienes viven rodeados de toda un contingente de seguridad, pero si aquellos que viven en el lugar mismo donde se sucede la violencia social, quienes tiene que andar “a cuatro ojos” para no ser asaltados o dejados tirados en la pista de un tiro en la cabeza como le sucedió al pequeño Diego.

miércoles, 27 de agosto de 2008

HOMBRES QUE RENUNCIAN A SU VIOLENCIA


Muchas varones no nos reconocemos como sujetos que ejercemos violencia en nuestro hogar: “Nunca le he pegado a mi esposa” dicen unos, “en mi casa todo marcha tranquilo, llevamos la fiesta en paz” aluden otros. Otros por el contrario, reconocen haber ejercido alguna vez violencia pero, a su entender, es cosa del pasado, “actualmente he superado mi violencia” y un buen grupo alude que la violenta es de la mujer pues ella empieza con sus gritos no dejándoles ninguna opción para calmarla que “obligándolos a meterle su chiquita” En cada uno de estos casos, lo que habría que preguntarnos es a qué llamamos violencia o que acciones y actitudes consideramos como violentas y porqué es que nuestra pareja “nos provoca”.

Violencia no es solo presencia de golpes o maltrato físico. La violencia es el ejercicio del poder mediante el uso de la fuerza que puede ser física, sexual, verbal, emocional, económica, que afecta de manera negativa la integridad física o psicológica de la otra persona o de una colectividad. La violencia busca dañar emocionalmente a la persona, porque la desgasta y le quita su poder de sobrevivir, para que exista se tiene que dar un desnivel de poder entre quien ejerce la violencia y quien es violentado/a, de arriba hacia abajo, es decir se tienen que dar condiciones de posibilidad.

La violencia tenemos que diferenciarla de la agresividad. Esta última es un recurso instintivo de todo ser vivo que le permite preservar la vida, resistir o enfrentar un medio adverso que le impide satisfacer sus necesidades básicas, es por ello que cuando decimos que es la mujer la que nos “provoca”, en realidad lo que ella está demostrando es su agresividad, ese instinto que reclama la satisfacción de una necesidad vital: afecto, libertad, cariño, consideración, respeto, alimento. En cambio la violencia no solo representa un conjunto de agresiones, por más que produzca daño físico o psicológico a quien lo recibe, sino que estas agresiones tienen una intencionalidad, la de controlar, intimidar y someter al otro.

Las causas de la violencia son varias y variadas entre las que podemos mencionar la gama de creencias y mitos que se han construida en la sociedad respecto a varones y mujeres. Creencias como aquella que el varón es superior a la mujer y la mujer es propiedad del varón contribuye a que muchos varones lleguen a creer que pueden hacer con ella lo que quieran, incluso violentarla. Esta “superioridad” ha llevado al varón a estar siempre a la defensiva, de ahí que cada vez que se presenta diferencias entre él y la mujer, la única manera de hacer “respetar su superioridad” es mediante la violencia.

Por otro lado está la construcción social de la masculinidad que le ha llevado a reprimir determinados sentimientos naturales en él y reforzar otros que a la mujer le son negados. Así nos encontramos que los sentimientos permitidos para los varones son la ira y la hostilidad. No les está permitido socialmente tener miedo, dolor, afecto, vergüenza, ternura, deseo de ser protegido pues la sociedad ha destinado estos como exclusivos de la mujer. Entonces cuando se presentan estos sentimientos que son muy naturales en el ser humano, los varones los reprimimos y muchas veces los confundimos y expresamos a través de aquellos permitidos o a través del ejercicio de la violencia.

Desde esta visión tenemos que preguntarnos: ¿Es posible no usar la violencia, incluyendo la emocional, en una sociedad machista y que discrimina a la mujer?. Desde el Programa de Hombres que Renuncian a su Violencia (PHRSV) decimos que si es posible, pues la violencia no es algo biológico, natural al ser humano, por el contrario la hemos aprendido y quienes la ejercen no hacen más que replicar aprendizajes inculcados desde la niñez a través del ejemplo de sus padres y de la sociedad en su conjunto. Entonces lo que tenemos que hacer es empezar a desaprenderla y cambiar nuestro estilo de ser varones. Este cambio pasa en primer lugar por que nosotros los varones reconozcamos que ejercemos violencia y responsabilizarnos de ella. Pasa por entender y comprometernos en aprender a resolver nuestros conflictos de manera no violenta y por sobre todo pasa por que renunciemos a nuestra posición de autoridad y privilegios que tenemos los varones por actitudes igualitarias entre varones y mujeres, en fidelidad a nuestros sentimientos y no según la construcción que la sociedad ha hecho de nuestra masculinidad. En definitiva, se trata de ser menos hombres, más humanos.

jueves, 14 de agosto de 2008

JOVENES EMPRENDEDORES



Piura se caracteriza por ser una de las regiones más ricas del país en recursos naturales. Destacan abundantes especies marinas en nuestro litoral, bosques secos, de montaña y neblina a lo largo de sus 35, 892.49 km2. Hermosas playas en la costa, misteriosas lagunas en la sierra, una variada fauna sobre un rico suelo que es irrigado por vertientes de agua que se deslizan desde las alturas y que tiene condiciones óptimas para la producción de especies tan reconocidas a nivel nacional e internacional: mango, limón, papaya, cacao, granadilla, lúcuma, banano orgánico, café, etc. Es precisamente la riqueza del suelo piurano que, sumado a las favorables condiciones climáticas, ha motivado a muchos campesinos a apostar por la llamada reconversión productiva; incorporación de nuevos cultivos con nuevas formas y estilos de producción. En definitiva, nuestra región es una gran suma de potencialidades y posibilidades a nivel de recursos naturales, que sumados a la delicia de nuestra cocina la hacen atractiva y apta para gente emprendedora. Gente con nueva visión y desde luego, entre ellos, mi apuesta es por los y las jóvenes de la región uno de los sectores más afectados por el desempleo y la pobreza y que muy bien pueden aprovechar estas potencialidades para revertir su situación.
Pero, ¿qué significa o como identificar a un emprendedor?. Lo primero que habría que señalar es que un/a emprendedor/a se diferencia del conformista, aquel que prefiere esperar conseguir “alguito”, “esperar” que alguien le ofrezca algo, le den la oportunidad para no dejarla pasar. Lamentablemente, muchos de nuestros/as jóvenes han sido o están siendo formados con esta tendencia. Por el contrario, el emprendedor es aquel que asume determinadas actitudes al momento diseñar su estrategia para conseguir ingresos y satisfacer sus necesidades. A continuación algunas.

- Desarrolla sus capacidades para percibir las tendencias actuales. Es decir, invertir en capital conocimiento e información para lo cual aprovecha los diversos espacios que existen (talleres, fórum, cursos, conferencias, etc) de forma que se provee de conocimientos e información necesarios para poder advertir e interpretar los procesos locales, nacionales y globales en el ámbito social, económico y político.

- Fruto de su inversión en conocimiento e información, es la capacidad para identificar las oportunidades que el entorno y contorno le ofrecen para hacerse de ellas y por ende generar sus ingresos.

- Iniciativa para asumir riesgos. Hacer frente a la adversidad y no amilanarse ante ella. Arriesgar, no como sinónimo de irresponsabilidad si no como acto de confianza en sus capacidades y habilidades que le permiten asegurar el éxito. No dejar de hacer algo por temor a fracasar, por el contrario, tener seguridad que se van alcanzar las metas propuestas.

- Crea empresa propia. Supera el conformismo que se mencionaba arriba y opta por generar su propio negocio, considerando que cualquier iniciativa empresarial de su parte, bajo las condiciones en las que se encuentra, de ninguna manera podrá ser llamado pequeño negocio sino, por el contrario, gran empresa de un genial emprendedor/a.
Por tanto, creo que no equivocarme en afirmar que Piura es para los y las jóvenes emprendedores/as que no dudan en plantear iniciativas innovadores en el aprovechamiento sostenible de sus inmensas potencialidades.

MAESTRO FORJADOR DE HUMANIDAD


En una ocasión facilité un taller a maestros/as sobre un tema, de por si, desafiante: Resolución de Conflictos. En dicho evento, lo primero que salto a la vista fueron las “broncas” a flor de piel entre los y las docentes. Lo lamentable de todo fue que la gran mayoría de ellos/as creían que no había solución alguna a las diferencias o “malos entendidos” que se daban. Por otro lado, un reducido número no dudaban en agotar esfuerzos para contribuir en la superación de estos conflictos. Precisamente, el taller, estaba convocado en este marco. Pero este esfuerzo, se percibía como una afrenta por parte de los que en este tipo de problemas solemos denominar los “santurrones”. En definitiva, el panorama mostraba claramente las actitudes poco asertivas de maestros/as para el manejo de sus conflictos que, sin duda, afecta, tanto su rendimiento académico como el aprovechamiento óptimo por parte de los alumnos/as.

Situaciones como esta, es común encontrarlas en otras Instituciones Educativas. Ante ello, me permito precisar, siguiendo a un prototipo de la Educación Chilena, la poeta, Gabriela Mistral, algunos principios claves que determinarán, por el lado del maestro, la calidad y eficacia de los conocimientos que trasmite y asegurar, en definitiva, el desarrollo humano de niños/as, adolescentes, jóvenes, así como la realización humana del propio docente.

Una de las primeras consideraciones fundamentales para Mistral es que el y la docente debe caracterizarse por su infinito AMOR hacia quien enseña, que la lleva a concluir: si no puedes amar mucho no enseñes a niños/as. Le sigue a este criterio aquel que apuesta por “SIMPLIFICAR las cosas pero sin restarle esencia”, sin duda, una cualidad que tiene relación directa con el desarrollo de metodologías para trasmitir conocimientos, pero sin complicar, innecesariamente, la vida de los/as alumnos/as.

Una tercera consideración hace referencia a la INSISTENCIA, repetir como la naturaleza repite las especies hasta alcanzar la perfección, es decir, insiste las veces que sea necesario a fin de alcanzar los resultados esperados. Pero la exigencia del insistir tiene que ir acompañada con una enseñanza con intención de HERMOSURA, porque la hermosura es madre.

Sin duda que para ser un maestro/a de la excelencia, una actitud fundamental es ser FERVOROSO/A y llevar fuego en el corazón que permita encender lámparas. Esto hará posible la sexta característica de un maestro/a excelente: VIVIFICAR LA CLASE de tal manera que cada lección sea viva como un ser, a igual que los alumnos/as. Por otro lado, es fundamental recordar aquel principio filosófico que nadie da lo que no tiene, por ello el CULTIVARSE es de suma importante, solo ello permitirá dar en la medida que se tiene; da mucho quien mucho tiene. Si a este le sumamos el recordar siempre que el oficio de maestro/a es ante todo un SERVICIO divino que buscar contribuir al desarrollo íntegro de la persona y de ninguna manera considerarlo solo y únicamente como una simple mercancía,

Sin duda que para alcanzar todos estos criterios, el maestro/a tiene que tener una apuesta por la reflexión, mirar ANTES su corazón, ver si está puro antes de cada lección, con la firme convicción de PENSAR que es Dios, para aquellos que creemos, o la fidelidad a la razón, a la dignidad humana y al conocimiento, para quienes no creen en El, quien los ha colocado en tan alto privilegio de crear el mundo de mañana.

No cabe duda que al interior del magisterio hay mucho por hacer para revertir y/o manejar situaciones como la señalada al inicio. Frente a ellas, no debemos ser pesimistas y pensar que no hay alternativas para superarla. Por el contrario, si las hay y sería un paso gigante si se toma la firme decisión de asumir los diez criterios que nos propone la ganadora del premio Nóbel de literatura en 1945 y sin duda alcanzar plenitud en aquello que hacemos: forjadores de humanidad.


Artículo publicado en Diario El Tiempo, 03 de agosto del 2008.